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Se conmemora los 88 años de la Batalla de Boquerón

“Salten adelante, muchachos, ¡Es un lindo día para morir!” – Capitán ruso Basilio Serebriacow Orefiew


La Batalla de Boquerón fue la primera batalla durante la Guerra del Chaco, conflicto bélico que enfrentó a Bolivia y Paraguay. Se libró desde el 9 al 29 de setiembre de 1932 en torno al fortín Boquerón, por el control del Chaco Boreal. El valor estratégico de esta zona era el acceso al rio Paraguay y, en consecuencia, a la salida hacia el océano Atlántico.

Las tropas bolivianas habían ocupado tres fortines paraguayos al inicio de la Guerra del Chaco (1932-1935). La batalla duró 20 días y, finalmente, el 29 de setiembre, los soldados bolivianos se rendían ante los heroicos soldados paraguayos bajo el mando del entonces Teniente Coronel José Félix Estigarribia.

Culminó con la recuperación del fortín por parte del Ejército paraguayo, la captura de sus ocupantes, la caída de los fortines circundantes y la retirada hacia el fortín Arce de las fuerzas bolivianas.

Un valiente capitán ruso

El Teniente 2° Óscar Corrales, perteneciente el Regimiento N° 2, había resultado herido en el día 26 de setiembre de 1932, en el camino de Boquerón a Cabo Castillo. Recibió impactos de bala en el muslo y en la mano derecha, al punto que le debieron amputar un dedo.

Corrales recuerda que su comandante de batallón, el capitán ruso Basilio Serebriacow Orefiew, se condujo en todo momento con un valor extraordinario. Era tanto su valor, dice el Teniente 2°, que cuando los proyectiles llovían desde las trincheras bolivianas, el capitán Serebriacow se paraba en medio del cañadón y enfocaba su prismático para localizar a los tiradores enemigo.

Vestía su uniforme militar, con todas las presillas de honor y siempre iba en primera línea, a lado de las tropas de asalto. El lunes 26 de setiembre, la artillería boliviana, atrapada por el cerco paraguayo en el interior del fortín Boquerón, hacía dos días que no había dado señales de actividad y, de repente, de nuevo comenzó a tronar con insistencia, comenta el oficial paraguayo.

Al explotar las granadas, el militar ruso gritaba a sus soldados: “¡No hagan caso, es un bicho mal educado pero es inofensivo!”. En otras ocasiones animaba a sus hombres con una frase algo trágica, en plena acción: “Salten adelante, muchachos, ¡Es un lindo día para morir!”.

Al Teniente 2° Óscar Corrales le informaron, mientras se recuparaba de sus heridas, que su comandante de batallón, el capitán ruso Basilio Serebriacow Orefiew “murió bellamente”, el 28 de setiembre de 1932, un día antes de la rendición del resto de los bolivianos que quedaban en Curupayty. Había sido uno de los primeros en romper las posiciones enemigas.

Vía Chaco Al día

BOQUERÓN

Paraguayos, herederos del suelo colonial.
Un cantar de libertad
bajo el cielo, que alumbraba
la gloria de Tupã,
se escuchaba resonar.
Nuestros muertos combatiendo
en su cruz de Ñanduvái
por la tierra ya inmortal.
Sol que arrulla tus riberas
de amor como un cantar.
¡Eres sol de libertad!

¡Victoria! ¡Es nuestra!
Besa el río la ribera
de los verdes naranjales.
Dice un arpa plañidera
el indómito cantar.
También las tumbas lo sabían,
las sombras ardientes que volvían
llevando la última bandera.
¡La que alzaba el Mariscal!

¡Boquerón!, ¡Boquerón!
La victoria vino a mí,
¡Boquerón!, ¡Boquerón!
Nuestra patria así clamó:
O vencer o morir
frente a aquél que pretendió
Paraguay, Paraguay
tus fronteras invadir.

¡Vencer o morir!

 

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