Acosta Ñu, una herida que no cicatriza

Un articulo que valdra la pena leerlo por completo…

Y asi transmitir una memoria historica de nuestro pais por que un pueblo que conoce su historia tendra una identidad propia como Nación.🇵🇾🇵🇾🇵🇾

Hoy rendimos Homenaje a los Héroes de la Patria, hoy no es un día Cualquiera, es Día de luto en Paraguay.

Pedimos aunquesea 1 minutos de Silencio en Memoria de los Niños Mártires de Acosta Ñu

Acosta Ñu, una herida que no cicatriza

Cada 16 de agosto se conmemora la penúltima gran batalla de la guerra de la Triple Alianza: Acosta Ñu, lugar histórico que fue testigo de uno de los peores crímenes de todos los tiempos en 1869.

«DÍA DEL NIÑO PARAGUAYO Y LA GRAN MENTIRA»

.El asesinato de niños paraguayos ocurrió el 16 de Agosto de 1869, en la Guerra contra la Triple Alianza.

En la escuela desde niño nos relataron que aquellos niños guerreros fueron reclutados para pelear y que utilizaron BARBAS POSTIZAS hechas de las colas de los caballos o pintadas con carbón para fingir ser adultos… Crecimos con esa gran MENTIRA.

Refutando tan infantil cuento y sin entrar a desmenuzar los pormenores de ese terrible acontecimiento, quiero analizar 3 aspectos y como punto 1,

aclaro que esas versiones fueron plantadas por los escritores aliados -principalmente brasileros y argentinos- y absorbidas y promovidas hasta hoy por los legionarios (traidores de la Patria) para justificar una gran matanza de inocentes criaturas.

¿Será que fue una hazaña matar niños: degollar, despedazarles con las patas de los caballos, y como broche de oro, amontonarles y quemarles?

El plan del brasilero genocida conde D`Eu coincide con la ideología argentina y de su gran ícono Sarmiento: que «al paraguayo hay que matarle hasta en el vientre de su madre». Tal deseo diabólico llegó a la concreción en ese oscuro día escribiéndose así (con tinta roja de sangre inocente) una de las páginas más vergonzosas e inéditas de la Historia Universal.

La brutal carneada de niños duró aproximadamente 8 horas, luego se dio la orden de incendiar el pastizal en donde se encontraban los cuerpos moribundos de los inocentes niños quemándose en su totalidad.

Aquellas madres que pretendían auxiliar a las criaturas eran salvajemente violadas y asesinadas, siendo pisoteadas, algunas, por los caballos.

¡Vaya cobardía! ¿Se sentirán orgullosos de su historia?

Punto 2. Suelo ver las versiones que también se maneja: “los niños fingían tener armas reales al poseer fusiles de madera”.

Considerando el lapso de tiempo entre la masacre de Piribebuy del 12 de agosto y la de Acosta Ñu, fecha 16 del corriente mes, son nada más 4 días.

De haber existido 3.500 niños en ese lugar ¿de dónde se iba a inventar cantidad de colas de caballo para las “barbas postizas” y fabricar tantas “armas de madera” para esa cantidad? ¿Acaso todos de los 20mil hombres del ejército brasilero eran miopes y no iban a darse cuenta de la estatura de los niños al rodearles por los cuatro flancos? ¿Acaso esos niños van a jugar al “pistolero” al apuntarles con “armas de madera” a los cañones y armas de verdad de los brasileros? Ridiculez que quieren hacernos creer.

Jamás importó si eran niños, mujeres o ancianos, ellos venían a MATAR. Pero sale la versión de que ellos “creyeron” que eran soldados fuertemente armados al verles con “barbas”. Mentira señores.

Nada justifica la cruel carneada de inocentes.

E insisto con esto: era un placer para ellos asesinar a esos niños, ya que era el plan,

AL PARAGUAYO HAY QUE MATARLE HASTA EN EL VIENTRE DE SU MADRE.

Punto 3. Se hace viral la versión de: “López ordenó que peleen esos niños para entretenerle más a los aliados y así huir”. “López se escudó con los niños”, etc. Gran mentira señores. López desde la gran matanza en Piribebuy ya no estaba en el lugar. Ordenar la retirada y trasladar los cuarteles no es sinónimo de huida.

Esos niños ya venían años observando cómo eran asesinados sus hermanos mayores, sus padres, primos, tíos, vecinos… ya asimilaban la gran causa nacional y el sentido común: defender la Libertad o morir antes que ser esclavos de esos asesinos invasores que vinieron a destruir una nación tan progresista y ordenada, una de las más adelantadas de toda América.

Hay que aprender a querer aprender. Al paraguayo de hoy le falta hábito de lectura. Se prefiere más googlear y buscar “resumen” de toda una historia para evitar leer todo un libro, es por ello que consumimos muchas mentiras y nos lavan el cerebro mecánicamente, sin rodeos, y ya sacamos conclusiones odiosas hacia nuestros Héroes y Heroínas.

Debemos de cambiar esas versiones que nos hicieron y nos siguen haciendo creer. Rebatir tantos falsos argumentos las cuales siempre mantuvieron en una cerrada tergiversación nuestra Historia Nacional.

Hacer uso del raciocinio, ser epistémicos y hablar con la verdad, puesto que la verdad nos hará libres.

Que nadie nos venga a contar nuestra propia Historia.En las escuelas y colegios al ritmo de ruidos como «hasta abajo» o, «felices los cuatro» no se consigue entender la verdadera historia.

Esta fecha no tiene que ser más que una simple chocolateada, tortas y regalo de juguetes, hay que tener otra visión, analizarlo desde otras perspectivas, tratarlo con otra óptica para así entender que una fecha como hoy murieron -masacrados- tantos niños para que en nuestra cédula de identidad diga NACIONALIDAD PARAGUAYA, que se sacrificaron tantas vidas, tanto de niños, niñas, jóvenes, adultos, mujeres y ancianos, regándose con sangre el suelo guaraní por años, para que nuestra raza, tan férrea e inclaudicable, se mantenga latente y eterna.

Aprendamos a encariñarnos con nuestra Historia, no tenemos nada para avergonzarnos, sino todo lo contrario, en cada actitud de un valiente paraguayo te sentirás identificado y orgulloso, muy orgulloso de formar parte de esta genética: hablar del Paraguay es hablar de Gloria.

Siempre sufrió y como el Ave Fénix de las cenizas nuevamente se levantó y surgió.¡Feliz día del Niño a los pequeños pero gigantes Héroes de la Patria!

Texto recopilado de la red Social.

Vamos #CreandoHistorias

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Las cartas privadas durante la Guerra contra Paraguay guardada, el Secreto profundo en Itamaraty

Caxias, contesta una carta privada del emperador desde el Cuartel de Tuyucue el 17 de noviembre de 1867. Responde a los pedidos de su Majestad, entre otras cosas, a sus requerimientos de apurar la destrucción del Paraguay “…Su disciplina proverbial de morir antes que rendirse y de morir antes de hacerse prisioneros porque no tenían orden de su jefe ha aumentado por la moral adquirida, sensible es decirlo pero es la verdad, en las victorias, lo que viene a formar un conjunto que constituye a estos soldados, en soldados extraordinarios invencibles, sobrehumanos. “López tiene también el don sobrenatural de magnetizar a sus soldados, infundiéndoles un espíritu que no puede apreciarse bastantemente con la palabra; el caso es que se vuelven extraordinarios; lejos de temer el peligro lo acometen con un arrojo sorprendente; lejos de economizar sus vida, parece que buscan con frenético interés la ocasión de sacrificarla heroicamente, y de venderla por otra vida o por muchas vidas de sus enemigos” (…)”El número de soldados de López es incalculable, todo cálculo a ese respecto es falible, porque todo cálculo ha fallado” (…) “Vuestra Majestad, tuvo por bien encargarme muy especialmente el empleo del oro, para acompañado del sitio allanar la campaña del Paraguay, que venía haciéndose demasiadamente larga y plagada de sacrificios, y aparentemente imposible por la acción de las armas; pero el oro, Majestad, es materia inerte contra el fanatismo patrio de los Paraguayos desde que están bajo la mirada fascinadora, y el espíritu magnetizador de López”. “…soldados, o simples, ciudadanos, mujeres y niños, el Paraguay todo cuanto es él son una misma cosa, una sola cosa, un sólo ser moral indisoluble…” “… ¿cuánto tiempo, cuántos hombres, cuántas vidas y cuántos elementos y recursos precisaremos para terminar la guerra es decir para convertir en humo y polvo toda la población paraguaya, para matar hasta el feto del vientre de la mujer…? (*)(León Pomer, La guerra del Paraguay. Política y negocios, Centro editor de América Latina, pp. 230-231.)

Por la lectura, Don Pedro, le ha sugerido el empleo del oro como en Uruguayana. Pero….cuánto tiempo se necesitará para convertir en humo y polvo al Paraguay ante la tenacidad de su pueblo como bien informa el comandante en jefe del Brasil. Caxias, al parecer, le quiere hacer entrar en razones a un monarca tan obstinado en matar, destruir, violar y hacer polvo a un pueblo. La carta de Caxias tiene su contra cara en los archivos de Itamaratí donde se guardan las cartas privadas del emperador. Pero por la respuesta del remitente se sabe lo que desea Pedro II, el genocidio de un pueblo. Lamentablemente, un ciudadano argentino de alto vuelo dirá públicamente que a los paraguayos había que matarlos en el vientre de sus madresrepitiendo como un loro las pretensiones del monarca brasilero. Ya lo veremos en su calidad de instigador.

Cuando se produjo el asalto paraguayo el 3 de noviembre, Caxias, se hallaba entre San Solano y Tayí. Pudo ver con su telescopio el modo del ataque a sable y lanza y de cómo un regimiento entero del Brasil es conducido prisionero en un santiamén, con su jefe, el Mayor Cuhna Matto, a la cabeza. El observador prusiano, mayor Maximiliano Von Versen no podía creer que tan solo 8.000 paraguayos coparan a más de 15.000 aliados destruyéndole su parque de guerra y la totalidad de las provisiones de boca a la par que ponderaba a los soldados que regresaban cargados de artículos diversos y libras esterlinas, incluidas las botas y las cartas de la esposa de Mitre. (Max. Von Versen. Memorias de la guerra del Paraguay )

No obstante, para facilitar el fin de la guerra, Caxias, siguiendo la orden de su emperador, tiende sus hilos y logra contactarse a través de las líneas enemigas con el hermano del Mariscal, don Benigno López, el Canciller José Berges y el doctor Antonio de las Carreras (Oriental.) Para el efecto se vale de la valija diplomática del ministro de los Estados Unidos y del vicecónsul portugués Antonio Vasconcellos. Pero el plan falla dado que los acorazados no pudieron llegar a Asunción el 20 de febrero de 1868 como quedó apuntado. Según Carl Von Clausewitz el principio cardinal de una guerra no es matar por matar sino desarmar y abatir al enemigo dejándolo exhausto. Logrado esto se pone fin a la conflagración. De manera que el intento de Caxias de encontrar colaboradores a cambio de dinero y poder en Asunción no es censurable. Resulta muy evidente que Caxias le hizo notar al ministro americano que el 20 de febrero constituye una idea fija suya (el desastre brasilero de Ituizangó), de lo contrario, éste no hubiera comentado tal cosa en su diario. Pero el propósito falló y ahora los implicados se hallan al descubierto pues López ha montado seis tribunales al efecto de la investigación. Por eso es preciso comunicarse de nuevo y fijar una nueva fecha para por lo menos rescatar a los traidores paraguayos. Abona la existencia de esta conspiración un sacerdote, 50 años después de los hechos, escribiendo sobre el particular dado que hasta esa época se negaba tal cosa. En su carta de 1918 nos dirá que la familia de López estaba al tanto y que él, en su calidad de pariente, fue llamado para ayudar a llevar baúles al río por donde pasarían los acorazados para rescatarlos. El sacerdote se niega a acompañarlos y poco después cae preso. Pero logra comunicarse con el presidente, y éste, ordena que se lo ponga inmediatamente en libertad. Entre tanto se sustanciaban las causas, los conspiradores fijan una nueva fecha. Para eso se valen del ministro americano quien al verse implicado pide la venida de un buque para abandonar el Paraguay. Pero llegado el vapor de guerra se detiene inexplicablemente en Curupayty por orden de Caxias cuando que la noticia de la salida del ministro debía constituir un logro y una satisfacción para el imperio. ¿Por qué lo hace detener, si viene para llevarlo al último ministro residente en el Paraguay? He ahí la clave. Es necesario seguir contando con la valija que en ese ínterin recibe y envía comunicaciones entre ambos campos. La nueva fecha fijada es el 24 de julio de 1868. Lo corrobora el coronel Jorge Thompson, el ciudadano inglés al servicio del Paraguay en su libro, diciendo que López le había adelantado con certeza el 24 de julio, la fecha del ataque al FORTÍN a 6 kilómetros de San Fernando, el cuartel de López. Y efectivamente así sucede para sorpresa del inglés. Pero nuevamente falla pues la escuadra es rechazada a la vez que el previo ataque a Humaitá el 16 de ese mes resultó un Curupaytishno según un sobrino de Osorio en carta a su madre. Murieron 4.000 hombres en esa cadetada al decir del general Juan Andrés Gelly y Obes. Dos días después en el chaco, en un paraje denominado Acayuazá, sucumben 1.000 hombres del ejército argentino, entre ellos, su comandante, el coronel Martínez de Hoz. Hasta aquí el Marques de Caxias hizo lo imposible por concluir con la guerra desarmándolo al Paraguay y colocando en reemplazo de López a un gobierno amigo. El propio Benigno López es apreciado en el imperio; estudió allí durante dos años. El cónsul francés en Asunción lo confirma en carta a su gobierno por carta. (Toda esta documentación se halla en el libro de este autor, el Círculo de San Fernando, ya citado.

Secreto en Itamaraty

Las cartas hasta hoy escondidas por Itamaraty y que temerariamente el presidente Lula Da silva anuncio con bombos y platillos darlas a luz pero que al leer su contenido quedó atónito y se echó atrás, no sea que el Paraguay con ellas reclame indemnizaciones por genocidio. “Lo que aquellos documentos denunciarían y lo que justamente Itamaraty no desea que trascienda es como las autoridades brasileña de la época sobornaron a árbitros que demarcaron fronteras y lograron ocupar así territorios que pertenecían a Paraguay. Existirían además, en esos archivos, documentos que relatan atrocidades practicadas por los ejércitos de la Triple Alianza, agregó el ministro. (….) El gobierno considera que la divulgación de esos documentos sería “dinamita pura”, y reavivaría antiguos conflictos con países vecinos, por lo que Lula dispuso que esos archivos permanecerán protegidos por “el secreto eterno” (Roberto Campos, comentarista del diario Clarín de Buenos Aires- 17 de diciembre de 2004.) De todo lo que queda dicho surge la culpabilidad del emperador del Brasil Pedro II y su gobierno como los principales genocidas del pueblo paraguayo. La acusación criminal queda hecha e igualmente contra la República Federativa del Brasil como cómplice y encubridora de los crímenes y latrocinios. Por lo visto el Brasil tienen una historia puerca, inconfesable y vil, siendo el único país del mundo civilizado que no abre sus archivos transcurridos los acontecimientos más de 100 años. No nos cansaremos de repetir. Su noble población ahora sabe que sus gobiernos fueron genocidas y ladrones de territorios. Por eso sus autoridades ocultan con tanto celo los documentos. Para completar las pruebas pasamos a conocerlo a uno de los principales ejecutores de las sangrientas órdenes del gobierno del Brasil y el emperador, el marido de la princesa Isabel de Braganza.

Gastón de Orleáns, Conde De´Eu, el ejecutor

Este personaje nace en pleno océano atlántico en el año 1842 y contrae matrimonio el 15 de octubre de 1864 con la princesa Isabel de Braganza, primogénita del emperador Pedro II del Brasil. Su abuelo fue el rey Luís Felipe I de Francia entre 1830 y 1948, fecha esta última en que se instala la segunda república en ese país. Su bisabuelo, también llamado así, es conocido como Felipe Igualdad pues se puso del lado de los jacobinos durante la revolución francesa. No tuvo empacho alguno en votar para que le corten la cabeza al rey Luís XVI, emparentado con su familia. En pago…. los revolucionarios le cortaron la cabeza a él en 1793, a instancia de Robespierre, su antiguo protegido, aunque en honor a la verdad hay que reconocer; supo enfrentar el patíbulo con dignidad. Su hijo al ver esto puso pies en polvorosa y se marchó a los Estados Unidos para regresar a Francia como monarca a la edad de 57 años. Esta casa familiar de los Orleáns llegó a coronar dos reyes. Pero su ingrediente principal está plagado de historias macabras que van, desde intrigas, conspiraciones y conatos de golpes, hasta asesinatos y otras miserias. Además tenían la rara costumbre de vestirlos de niñas a los varones hasta la pubertad. Esto quizá explique algunas cosas como se verá.

Llama poderosamente la atención que la hermosa princesa de 20 años de edad no pudiera tener hijos. Al parecer algo no andaba bien pues de lo contrario no se explica que 10 años después de la boda, de pronto, a los 30 años, comience a parir como por arte de magia a los siguientes hijos, a Luisa Victoria (1874); Pedro (1875); Luís Felipe (1878) y Antonio Gastón (1881)

En abril de 1869 este aspirante a padre de familia recibe la noticia que va a ir al Paraguay a cumplir los deseos de su suegro. En tanto, Juan Manuel Mena Barreto está que baila en una pata cuando se entera de la noticia. Pero Parahnos, que conoce muchos los entretelones de la corte, se quedará en Asunción para apoyarlo dado que en el ejército no se lo tiene como buen soldado a Gastón. Las voces corren entre chascarrillos en rueda de tragos pues los rumores acerca de su capacidad reproductora han sido puestos en duda hasta por la prensa. Al parecer no se trata de un individuo muy fanático de su sexo.

El príncipe viene para ordenar destruir la población del Paraguay cuando en Río de Janeiro y en Buenos Aires se clama a voz en cuello por la paz. Nadie quiere mandar a sus hijos como carne de cañón. Por eso ya se lo sacó a Mitre luego de los sucesos sangrientos en Curupayty. Fue por causa de su impericia, en tanto el marqués a costa de muchas vidas brasileras pudo entrar a la Asunción. Por eso desde 1867 han tenido que echar manos en las barracas de esclavos para llenar los claros. Pero este procedimiento tiene un costo, sino político, al menos pecuniario. Hay que pagar por los esclavos. Mientras tanto, Osorio y Caxias han salido limpios de la guerra. La actuación de ambos en diciembre de 1868 les tapó la boca a sus detractores, particularmente a los de Caxias. Los dos jefes son amigos y mantendrán esa amistad hasta la muerte. Si el marqués intentó un complot en el interior del gobierno del Paraguay fue justamente para abreviar el cáliz y así desarmar a su enemigo; son las reglas de juego en las guerras, no así los conspiradores paraguayos que pasarán a la historia como tales y sus nombres execrados. Lo cierto es que el conde se embarca en Río de Janeiro con un séquito de adulones. Nos suponemos las carcajadas de Caxias y Osorio al conocer el nombre del nuevo comandante en jefe de los aliados. Nos suponemos también la turbación de los jefes argentinos. Quizá por ello han renunciado a continuar la caza del enemigo, a pesar de la instigación de Domingo F. Sarmiento, su nuevo presidente. Si Bartolomé Mitre pudo y puede ser criticado hasta hoy como un militar inoperante, hay sobrados hechos bien documentados para comprobarlo. Pero en su favor se puede alegar en cambio, que jamás se escuchó de su boca o salió de su pluma un lenguaje soez, y mucho menos, asumió calidad de pregonero de la muerte con el solo propósito de perpetrar un exterminio.

Pero vayamos al grano. Nuestro personaje, Gastón, llega a Asunción y se instala en Trinidad (Hoy, un barrio de Asunción) en los primeros días de Mayo de 1869. Posa para una fotografía tomada frente a la iglesia de esa localidad donde poco antes sus tropas entraron a saco robando todo lo de valor e instalando en esa casa de Dios una caballeriza, cuya remonta depositaba sus desperdicios sobre la tumba del ex presidente, Carlos Antonio López Se halla a sus anchas en compañía del varonil Juan Manuel Mena Barreto que por su estampa, estatura y belleza conformó cuando era un joven oficial el cuerpo de la guardia del emperador. Aparte de otros lazos entre ellos la conversación gira en torno a los degüellos hasta entonces perpetrados e interrumpidos por causa del estúpido anciano que menos mal se mandó mudar. Las matanzas de niños, mujeres y ancianos en Avay que lo dejaron boquiabierto al general José Ignacio Garmendia a la par de los destrozos hechos en Asunción hasta el 14 de enero, deben extenderse en otras localidades. Ante tales nuevos desafíos, un uruguayo, coronel Hipólito Coronado, se acerca al círculo áulico y se ofrece para destruir la fundición de hierro y bronce la Rosada, lugar donde se vaciaron más de 500 cañones de diversos calibres durante la guerra. El general oriental Carlos de Castro autoriza a su subordinado a partir luego que el príncipe se lo pide. Hasta aquí no hay nada de malo pues la referida fundición sigue siendo fuente de recursos del enemigo. Sin mayores sobresaltos y con no poca audacia, llega a la famosa localidad logrando sobornar a uno de los lugartenientes del responsable del establecimiento, apodado en guaraní, Molina Pucú, por su alta estatura. El encargado de la fundición, capitán Julián Insfran, no sospecha nada y envía a la tropa empavesar las armas para colaborar en el trabajo con los operarios. En eso llega Coronado seguido de lejos por Molina Pucú, y toma casi sin resistencia el lugar. Al regresar los soldados, viendo los hechos consumados, no tienen más remedio que rendirse ante la evidencia. No obstante, previamente, Insfran, resiste con los efectivos que tiene a mano pero finalmente capitula. Acto seguido Coronado ordena el degüello de Insfran frente a su tropa a la par que manda a los restantes prisioneros a un monte cercano donde sus hombres comienzan a degollarlos. Ante esta barbaridad los paraguayos vendidos al oro del Brasil se rebelan y sacan sus armas. El degüello se interrumpe. El trato consistió en la destrucción de La Rosada no en el asesinato de gente rendida. Al ver tal decisión, el cobarde jefe uruguayo, se echa atrás diciendo “que les perdonaba la vida” (Centurión, Obra citada.)

Pero lo insólito, no constituyen tales actos de barbarie que vamos a ir repasando pormenorizadamente, sino la actitud del Uruguay que permite hasta hoy que una ciudad de ese país ostente como timbre de honor el nombre de un sujeto de tales cualidades, a quien en 1876 el presidente oriental, Lorenzo Latorre, mandó ajusticiar por venal y sanguinario. La ciudad con el nombre de Coronado, como si se tratara de una burla del destino, se halla tan luego en el departamento José Gervasio Artígas. ¡Qué mezcla tan paradojal de nombres!, ¿no es cierto?

El príncipe al recibir el informe de Coronado, le hace fiesta a la vez que abona sus servicios. Inmediatamente informa la destrucción de la fundición y de la matanza, en carta particular a su suegro, hasta hoy oculta por Itamaraty. Se supone la gran satisfacción del monarca. Estas noticias son las que le pedía a Caxias. El suceso ocurre el 13 de mayo de 1869. Qué paradoja, un uruguayo es quien reinicia el genocidio luego del retiro del marqués. A Coronado no le dedicamos un subtítulo pues se trata un forajido vulgar e insignificante. Solo mencionamos el hecho para ver si los uruguayos se despiertan y cambian el nombre de la ciudad o pueblo que lleva el nombre de un sujeto tan indigno de la patria de José Gervasio Artigas. Entre tanto relato de sangre, el príncipe se entusiasma y ordena tomar la Villa de San Pedro e Ibytimí. Las tropas entran en el pueblo el 21 de mayo sin mayores contratiempos.

“La gente inerme presume, por tratarse de civiles en su mayoría mujeres, niños y ancianos, que serán respetados en sus bienes y personas. Así parece al principio, pero al día siguiente comienza el saqueo, las violaciones y los asesinatos despiadados. Pasan al degüello alegremente como si se tratara de un juego. Un calco de la entrada en Asunción, cuando hasta los templos y cementerios fueron profanados”. (Bernardino Caballero. Obra citada.)

Un oficial brasilero que más tarde llegará a general, Dionisio Serqueira, no podrá ocultar los hechos. Pero por su baja graduación se encuentra imposibilitado de cambiar los acontecimientos. Su testimonio, a pesar de su esfuerzo por suavizar sus palabras, constituye un aporte que rebate al Diario do Ejército, siempre mentiroso y manipulador al extremo que no se da por enterado de la matanza. El informe, hasta hoy bien guardado, le llega al emperador por conducto de su fiel ejecutor de órdenes de extermino, su yerno el príncipe, convertido en el Ángel de la Muerte del siglo XIX. El 22 sucede igual cosa con Areguá y Patiño Cué. El 23, a las tres de la tarde, cae Itauguá. Aquí la población escapa a la mañana, informada por los espías de López de los robos y asesinatos. El 25 toman Tacuaral, Pirayú y Cerro León. Llega el Príncipe en las cercanías. Ordena matar pero no encuentran un alma. Ordena robar pero no hallan nada de valor. Se ha iniciado la guerra de exterminio. El 26 toman Paraguarí. Allí encuentran una dotación de 51 soldados a la orden de un oficial. Luego de un intercambio de disparos 41 de ellos deciden rendirse al ver la enorme masa de soldados enemigos. Pero 10 de ellos deciden pelear hasta morir. (Bernardino Caballero. Obra citada.)

Vayamos ahora a Ibytimí. Aquí este autor se detiene para dar un testimonio de carácter familiar transmitido de generación en generación. El ataque a esta localidad ponía a su vez en jaque a Acahay e Ybycuí. Su bisabuela, Natividad Peña, de 15 años con sus hermanas, se hallan a mediados de junio cerca de la medianoche con su madre doña Francisca Molina de Peña en Acahay. A ésta, nombrada sargenta por López, se le ordena evacuar el pueblo. Las noticias del príncipe de la muerte causan pavor entre las mujeres, niños y ancianos. El joven oficial le informa a ella que los Cambá (Negros) se encuentran a tan solo 5 kilómetros. No hay tiempo que perder, “Pua é, pua é, cambá kuera oyeuta nde memby kuera, ha nde avei”, le alerta el oficial. (Apúrese, apúrese, los negros les van a violar a sus hijas y a usted también.), y agrega que a los ancianos y niños “ro yucata” (Los van a matar), agrega. Entonces Francisca se dirige a la iglesia y le despierta al cura. El frío era atroz y se anunciaba helada. El cura pregunta. – ¿Qué sucede, Doña Francisca? La señora le explica y le muestra su despacho de sargenta y la orden a la par que le pide al oficial y al sacerdote para que suban al campanario y hagan doblar las viejas campanas de hierro pues las de bronce fueron a parar hace tiempo entre otras tantas a La Rosada para vaciar cañones con este metal. Francisca y sus hijas quedan en el atrio en tanto en una carreta yace su anciano esposo enfermo de gravedad. El pueblo se despierta ansioso. Francisca y el oficial le instan a salir inmediatamente con lo puesto. Ella cuenta con más de 10 carretas cargadas de carne seca, sal, poroto, maíz y mandioca dado que días atrás, desde el cuartel de López, le habían anunciado la medida con la especial guarda del secreto al efecto de no alarmar a la población. Los sube a los niños y ancianos. Otras familias con similar medio de transporte hacen los propio mientras las mujeres marchan en mulas, caballos o a pie. En el camino fallece el marido de Francisca, Don José de la Peña, arruinado por las donaciones de ganado al ejército. Ella lo baja y lo llama al cura para cavar la fosa con una pala que tiene en una de las carretas. El oficial se presenta y le arrebata la pala al cura, “Anike rejapo Koa, Doña Francisca, che disculpa, apete a hecha petei, cambá” (No puede hacer esto, Doña Francisca, discúlpeme, muy cerca de aquí vi un negro.) Vanas fueron las suplicas de la esposa e hijas. El anciano queda tumbado en tierra con la melena blanca traída y llevada por el viento pampero del sur, mientras desde la carreta su familia lo observa y llora desconsoladamente hasta que su silueta se pierde y desaparece a la distancia. Tal el relato del mayor anglo paraguayo Carlos Oliver Peña, nieto de Doña Francisca, en el mismo lugar de los hechos, cosa corroborada por otros miembros de esta familia. En el Centro Paraguayo japonés de Asunción se halla una biblioteca donada por el bisnieto del Capitán Julián Insfran, con folletos no muy hurgados todavía con cortas testimonios de los niños de entonces, además de ex combatientes. A propósito uno de aquellos niños huérfanos como tantos otros fue a recalar a la Argentina y llegó a ser Ministro de marina del presidente General Justo. Se trata del Almirante Manuel Tomás Domecq García. (6) HASTA AQUÍ

Pero prosigamos, pues el príncipe nos espera con otros hechos dignos de mención. Comisiona a su favorito:“Mena Barreto sigue el camino trazado de llegar hasta Villa Rica por el camino Sapucai – Ybytimi, pero una vez llegado en esta última localidad es conminado por D´Eu a retirarse llevando consigo a toda la población civil, principalmente mujeres y niños que suman 11.000 personas, así como el producto del robo”. (Bernardino Caballero. Obra citada.)

Este robo de mujeres coincide con la fecha del relato de la familia Peña. Estamos a mediados de junio. El hecho se produce a raíz que a los soldados ya no les gusta matar a gente indefensa. Entonces el príncipe idea un plan de exterminio masculino para repoblar el Paraguay con oficiales brasileros y así hacer desaparecer a una raza maldita que tantos pesares le ocasionan a su suegro. En realidad, en lugar de organizar planes de repoblación para el Paraguay lo que le debiera preocupar a Gastón de Orleáns es preñar a su esposa para darle un heredero al Brasil. Algunos oficiales brasileros ya se resisten a continuar asesinando aunque proceden a los robos y a las violaciones, pero hasta ahí nomás. ¡Que consuelo! No obstante, el comandante, Juan Manuel Mena Barreto, sujeto siempre sediento de sangre, ordena el fusilamiento de seis personas tomadas al azar como advertencia a los demás si persisten en su negativa de proseguir la marcha. Ante esta demostración, las mujeres acceden al pedido. Por esta vez y por tal motivo vuelven a matar. Pero por lo antedicho respecto al plan de repoblación, en adelante se muestran más benévolos con sus víctimas.(Centurión, obra citada)

En tanto Bernardino Caballero rescata 6.000 mujeres de aquella columna de 11.000 en la batalla de Sapucai mi o Diarte. El príncipe, en Paraguari, se pega un susto pues a su Juan Manuel lo viene corriendo, Eduardo Vera, un capitán de caballería paraguayo cuyo cuerpo esta especializado en seccionar cabezas de un solo golpe con los formidables corvos, permanentemente afilados para cumplir tan temible tarea que provoca un gran terror dado que en el momento del degüello los elegidos continúan unos segundos cabalgando mientras las arterias y venas lanzan chorros de sangre. Por su inferioridad numérica, de esto se ha valido López para sembrar el pánico en el enemigo y así detenerlo por casi 5 años. Los brasileros galopan despavoridos pues se trata de esclavos en su mayoría sacados de las barracas a cambio de su libertad. Esta clase de tropa ha ridiculizado a la alianza. Pero no hubo otra alternativa pues tanto en la Argentina como en el Brasil la gente blanca se resiste a ir a la guerra. Los argentinos contratan mercenarios de Europa. En tanto la opinión pública clama por la paz y ya no están dispuestos a entregar a sus hijos que, sino caen en las batallas o las pestes, la disentería se los lleva al otro mundo. Los paraguayos se percatan de ello y proceden a esta práctica nacida con el famoso Capitán Bado quien enseñó el procedimiento como si se tratara de una academia de altos estudios. Los hacía practicar a sus jinetes horas y horas hasta convertirlos en auténticos cazadores de cabezas. El entonces teniente Dionisio Serqueira los vio actuar en el Chaco en abril de 1868, y escribió en sus memorias que en esos casos era imposible detener a la soldadesca. Ahora Mena Barreto se acaricia el cuello en tanto azota a su caballo para llegar a salvo a Paraguari mientras su azorado Gastón desde allí envía refuerzos en su socorro. El capitán Eduardo Vera al frente de unos 500 hombres al galope, al ver que una masa de 5.000 hombres le sale al paso para proteger a los desbandados negros, se detiene, pero no se marcha inmediatamente. Aun así no lo hostigan sino que se conforman con llevar la tropa a salvo al cuartel general. Esta victoria será la última que hará reír a López. A Caballero le valdrá su ascenso a general de división unos meses después y a Vera la obtención de su grado de mayor.

El príncipe está furioso. Ahora sabrán de lo que es capaz de hacer, amenaza. Pide refuerzos y más refuerzos al extremo que tanta masa de tropa choca una contra otra, en tanto el Mariscal se maneja con poco más de 10.000 efectivos en su mayoría ancianos y niños. Se halla al pie de la cordillera de Altos mientras en su flanco izquierdo (derecho del enemigo) ha fortificado la ciudad de Piribebuy, en tanto del lado derecho no, pues le parece imposible la escalada por allí. El futuro vizconde de Río Branco, Silva Parahnos, convertido en niñero por orden Pedro II, lo calma con mucha persuasión a Gastón como se puede apreciar de la correspondencia entre ambos. Los demás jefes, salvo Mena Barreto, lo desprecian pero aceptan sus órdenes pues Parahnos se halla detrás de ellas, en consulta con el General Cámara y los demás jefes. Los mismos idean una tenaza. Un cuerpo irá por la derecha y otro por la izquierda mientras una fuerza de 7.000 hombres avanzará al frente. Así, con gran esfuerzo logran trepar las sierras. Las dos tenazas encerrarán a López en un Bolsón imposible de escapar. Se inicia la campaña de la cordillera. Muy pocos argentinos y uruguayos participan, y el coronel Hipólito Coronado desapareció del escenario pues no se lo encuentra más en la documentación.

El general Francisco Isidoro Resquín le advierte a López de la intención de la maniobra pero éste no cree tanta audacia en la alianza, acostumbrado como se halla de ver desde casi un lustro como los días se suceden sin que se muevan salvo las matanzas organizadas últimamente contra gente indemne como quedó apuntado. (Resquín, Memorias. Obra citada.)

Pero sus cálculos fallan. Esta vez logran ascender por ambos flancos mientras le presionan en su frente de Azcurra. Al verificar con sus espías que por su lado derecho (izquierdo del enemigo) el general Emilio Mitre irrumpe por el pueblo de Altos, se decide por evacuar su cuartel no sin antes abonarle sus haberes a los operarios ingleses que trabajan por turno las 24 horas para reparar cañones y armas a la vez que le encomienda al farmacéutico italiano Domingo Parodi el cuidado de los enfermos tras abonarle igualmente sus sueldos pendientes más una suma para comprar los alimentos requeridos por el hospital. El 8 de agosto de 1869 abandona su cuartel de Azcurra para escapar de la tenaza en ciernes. Los brasileros llegan a Piribebuy el 12 de agosto. Ese día cae la plaza defendida por ancianos niños, ancianos y hasta por mujeres. En esta fecha participa el sexo femenino con un arrojo descrito por el propio enemigo. Aquello fue algo que hasta hoy queda en el recuerdo de los vecinos de esa ciudad, una vorágine de sangre y fuego desencadenada por primera vez contra una población civil pues Piribebuy entonces es la tercera capital del Paraguay luego de la evacuación de Asunción y Luque. Pero sucede un hecho fuera del libreto del príncipe. Su “amigo” Juan Manuel cae herido de un certero disparo. La bala toca una arteria y en menos de dos horas fallece desangrado en el campo. Ha sabido cumplir con su deber de soldado. Con él sucede lo del aforismo chino que nos indica que tarde o temprano las víctimas ven pasar el cadáver de sus enemigos. Y así sucedió cuando sus hombres lo alzaron en una camilla. Los prisioneros rendidos lo vieron pasar a quien mandó matar, robar y violar sin piedad. Gastón al enterarse sufre un ataque de paranoia. Sus ojos desorbitados se llenan de lágrimas pues su querido general ha muerto. Veamos algunos relatos de los hechos de esta batalla.

“Durante el combate, el general Mena Barreto, amante del conde D’Eu, había sido muerto de un certero disparo efectuado por el cabo Gervasio León. Este hecho encolerizó al príncipe de la casa de Orleáns, al punto que una vez tomada Piribebuy ordenó el degüello de todos los prisioneros “Inermes cautivos, en su mayor parte, esqueléticos muchachos” y la quema del hospital, con todos los heridos, mujeres enfermeras, niños y médicos adentro. Los aliados se apoderaron del Archivo Nacional, de los caudales públicos y saquearon todo cuanto encontraron de valor”. (Historiadora María Eugenia Garay. Artículo publicado en ABC Color.) HASTA AQUÍ 2

Un publicista de nacionalidad brasilera se encarga de escarbar los datos de esta carnicería escribiendo un corto libro pero muy ilustrativo sobre el tema.

El sangriento Conde de D’Eu vengó las pérdidas sufridas mandando degollar al comandante Caballero, al mayor Mariano López y a numerosos prisioneros y heridos. Y para completar su horrenda barbarie, mandó incendiar el Hospital de Sangre “manteniendo en su interior los enfermos – en su mayoría jóvenes y niños. El hospital en llamas quedó cercado por las tropas brasilera que, cumpliendo las órdenes de ese loco príncipe, empujaban a punta de bayoneta adentro de las llamas los enfermos que milagrosamente intentaban salir del la fogata. No se conoce en la historia de América del Sur por lo menos, ningún crimen de guerra más hediondo que ese” (Juan José Chiavenato. Genocidio Americano. La guerra del Paraguay.)

El autor lo califica de “loco príncipe” sin agregar que sus hechos estaban respaldados por el emperador y el gobierno del Brasil. No se trata de una cosa aislada sino de algo bien premeditado. Es común en la literatura brasilera que se saque el fardo del genocidio culpando a un extranjero. En este caso, quizá, la reacción descontrolada como expresa la historiadora, posiblemente obedece más a sus relaciones homosexuales con el fallecido. En esta clase de crímenes es frecuente leer en la prensa homicidios con 20 cuchilladas o disparos. La policía, al ocurrir un hecho de estas características siempre clasifica como provocado por homosexuales. En Piribebuy la venganza se desató contra niños, mujeres, enfermos y ancianos a más del degüello de numerosos jefes y oficiales. López, enterado del desastre, se halla cabalgando de prisa dado que la tenaza avanza y está a punto de cerrar el bolsón. Pero como el príncipe que comanda las tropas de la alianza no ordena girar a la izquierda para encontrarse con las tropas de Emilio Mitre, entretenido con el pomposo funeral organizado por él con tiros de salvas y discursos a favor de su “amigo”, le otorga al Mariscal las 24 horas precisas para escapar. En la retaguardia de éste marcha Bernardino Caballero con su división de niños, ancianos y 1.500 hombres sanos. Al arribar a Barrero Grande López se dirige a Caraguatay en tanto el enemigo le pisa los talones. Caballero ya no puede evitar el combate y los espera en los campos de Acosta Ñu. Veamos que nos dice Chiavenato, el autor brasilero, respecto de los niños y demás detalles:

“Durante la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando que no los matasen. Y eran degollados en el acto. Escondidas en la selva próxima, las madres observaban el desarrollo de la lucha. No pocas agarraron lanzas y llegaban a comandar un grupo de niños en la resistencia”……. “Después de la insólita batalla de Acosta Nú, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer los pocos sobrevivientes, el Conde D´Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres.” Su orden era matar “hasta el feto del vientre de la mujer”.

El príncipe encolerizado por la muerte de su “amigo” abre las compuertas de la maldad más extrema que un ser humano pueda llevar dentro. López por un pelo escapa del cerco. Caballero con unos pocos logra salir del campo de batalla por un arroyo boscoso. A partir de este hecho de armas, Silva Parahnos, se percata de la reacción argentina. A ninguno les gustó lo que escucharon. Ellos pelean lealmente, no asesinan en forma masiva a niños inocentes, a pesar que su presidente, Domingo Faustino Sarmiento, alienta el genocidio como se verá. Lo cierto es que a Gastón – su niñera Parahnos – lo interna sucesivamente en Villa del Rosario y Concepción. Los horrores ya han salido a luz en la prensa internacional, particularmente en la Francia de Napoleón III, el mismo personaje que destronara a Luís Felipe, el abuelo de Gastón. El monarca francés en las recepciones de palacio se detiene siempre a hablar por varios minutos con el encargado de negocios del Paraguay, capitán Gregorio Benítes, a quien le pregunta constantemente noticias de la guerra. En cambio, el ministro residente brasilero, de mayor rango que Benítes en cuanto a representación, es saludado muy a la ligera al solo efecto de cumplir con el protocolo. El paraguayo le informa al emperador de las andadas del nieto de Luís Felipe en su país en tanto Napoleón III no puede ni escuchar el nombre de una familia tan cuestionada por los Bonaparte. Alaba la lucha del Paraguay. – Qué gran defensa, le dice en más de una oportunidad. El ministro brasilero observa la escena avergonzado pues sus pares se dan cuenta de las preferencias del emperador. Igual cosa sucede en Washington. Allí el ministro residente brasilero le pide al secretario de estado – Fish – que haga salir de la sala al joven Emiliano López, por no estar acreditado éste ante el gobierno de Ulyses S. Grant. Al escuchar esto, la esposa del secretario de Estado, lo toma del brazo a Emiliano. – Este joven es mi invitado, exclama delante del brasilero, y se lo lleva al histórico Salón Este de la Casa Blanca. Emiliano, el primogénito del Mariscal, fue esmeradamente educado en París. Constituye en la capital americana toda una novedad en 1869. La prensa se ocupa de él casi todos los días, de su estancia en esa capital, de sus entrevistas con el presidente, de sus visitas al capitolio y de la defensa que hace de su padre. Así se gana el corazón del pueblo americano. En la recepción se le acercan ministros y senadores. El contesta a las preguntas en un fluido francés lo cual sorprende a los invitados. (Gregorio Benítes. Memorias diplomáticas.)

En cambio en el Paraguay, poco favor le hace al Brasil las andanzas de Gastón de Orleáns. Por eso ocultan toda la correspondencia de esta época. Por eso Parahnos y Cotegipe se empeñan en regresarlo al Mariscal Osorio nombrado conde de Herval, y lo logran, con lo cual la tropa queda más calmada. Pero el viejo soldado apenas puede sostenerse dado que sus heridas siguen expulsando esquirlas. La inflamación le causa una permanente fiebre y poco después se retira del escenario. Entonces se lo nombra jefe de hecho al General Correa de Cámara para terminar con López como sucederá el 1 de marzo de 1870, pero a costa de grandes sacrificios al extremo que la tropa aliada sufre hambre por momentos debido al alargamiento de sus líneas de aprovisionamiento. Ya no es necesario matar más pues el ganado existente casi desapareció de modo que los paraguayos que restan morirán de inanición salvo unos pocos que serán socorridos por familias piadosas que aún cuentan con escasas provisiones de supervivencia. .

Entre tanto Gastón quiere regresar en forma triunfal al Brasil pero su suegro no se lo permite hasta tanto López no desaparezca del Paraguay. Existe un gobierno provisorio capaz de firmar cualquier cesión territorial pero no puede concretarse porque el gobierno legítimo de López es reconocido por las naciones. Esta es la triste historia del príncipe Gastón de Orleáns, genocida al igual que su suegro el emperador Pedro II del Brasil y el gobierno imperial. La acusación criminal queda hecha.

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