Articulo de un postdoctorado en Filosofía y Ciencias Humanas, Dr. Franklin Gonzalez

Mentes colonizadas

A lo largo de la historia de «nuestra américa» (José Martí), sobre todo la que comenzó con la colonización española, encontramos «lideres» que han tenido un pensamiento colonizado.

«Líderes» que piensan que la civilización está en Europa y Estados Unidos y la barbarie están de nuestro lado. Que creen y estar convencido de que mientras menos se parezca uno a sí mismo y más se acerque y complazca a quien lo niega, más exitosa será la existencia.

«Lideres» que aceptan la superioridad del otro producto de los estragos que la colonización material ha efectuado, en el terreno de la cultura, de la economía, de la axiología o la ciencia. O denomínese EEUU o Europa. En otras palabras, adaptarse y aplicar las exigencias del dominador en el más puro «pragmatismo».

Estos «lideres» asumen, en el campo epistemológico, que la historia la hacen los grandes o egregios personajes al estilo de lo narrado por el antropólogo e historiador estadounidense Eric Wolf, en Europa y la gente sin historia (2005). La historia como un privilegio de la modernidad o postmodernidad y para tenerla hay que dejarse colonizar, esto es, dejarse dominar, voluntariamente o no, por la perspectiva europea y/o estadounidense de la historia, la vida, el conocimiento, la economía, la subjetividad, la familia o la religión.

De ese pensamiento y acción, destacaremos tres ejemplos de América Latina.

Uno, el de Pedro Pablo Kuczynski, quien el 26 de febrero de 2017, siendo aún presidente de Perú, en una presentación en la Universidad de Princeton, aseguró: «Estados Unidos se enfoca en aquellas áreas donde hay problemas. Como el Medio Oriente. No invierte mucho tiempo en América Latina pues es como un perro simpático que está durmiendo en la alfombrita y no genera ningún problema».

Dos, Santiago Piñeira, actual mandatario chileno, el 28 septiembre de 2018, mostró a su par de EE.UU, Donald Trump, una imagen en la que las banderas de sus respectivos países aparecen fusionadas y comentó: «Con un pequeño cambio, uno puede decir que Chile está en el corazón de EE.UU».

Tres, el presidente colombiano Iván Duque, quien el 1 de enero de 2019, al agradecer la visita del Mike Pompeo, secretario de Estado de los Estados Unidos, afirmó: «Hace 200 años, el apoyo de los padres fundadores de los Estados Unidos a nuestra independencia fue crucial, por lo que recibir hoy su visita nos llena de alegría y de honor, precisamente este año del Bicentenario, tan importante para nuestro país».

Mayor servilismo imposible. Es un sentimiento de inferioridad anidados en estos «lideres» políticos al reconocerse como sujetos históricos habitados por subjetividades que no les pertenecen. Es la relación entre dueño y sirviente de la cual habla Hegel en la dialéctica del amo y el esclavo.

No es ignorancia, no es desconocimiento de la historia, es simplemente «mente colonizada» o lo que desde Europa o EEUU se difunde como verdad: existe un mundo fuera de ellos, pero que habitan como objetos y no como sujetos.

Es nuestra propia negación a lo que hemos sido y somos. En el libro Todo Calibán, su autor, el escritor cubano Roberto Fernández Retamar, ante una pregunta de un periodista europeo de izquierda sobre si existe una cultura latinoamericana, responde que sería como si se preguntara ¿existen ustedes?, pues poner en duda «nuestra cultura es poner en duda nuestra propia existencia, nuestra realidad humana misma, y por tanto estar dispuesto a tomar partido a favor de nuestra irremediable condición colonial, ya que se sospecha que no seríamos sino eco desfigurado de lo que sucede en otra parte».

El comportamiento de estos «lideres» se parece mucho a lo narrado por la escritora estadounidense, ganadora del Premio Pulitzer en 1988 y del Premio Nobel de Literatura en 1993, Toni Morrison, en su novela La canción de Salomón, al referirse a una historia familiar en la cual un próspero hombre de negocios oculta sus orígenes sólo para integrarse en la sociedad blanca.

Esa narración que se desarrolla entre la fantasía mítica y la cruda realidad de los guetos negros en los años sesenta, se encarna, no obstante, en la realidad de estos «líderes», que lo reproducen en sus hijos, muy distinto, por cierto, a lo que hace el hijo del prospero hombre de negocios, quien lejos de rehuir a sus iguales como hizo su padre, entrará en un círculo de gente dispuesta a reaccionar contra la violencia de los blancos y emprenderá un viaje en busca de un tesoro que habrá de conducirle a los orígenes de su raza.

Hablarle de la descolonización a estos «lideres» supondría una disputa constante por desterrar de sus mentes esa entrega y aceptación de servilismo.

Por eso no tiene sentido recomendarles que lean: Historia de la nación latinoamericana del argentino Jorge Abelardo Ramos; La Idea de América Latina del también argentino Walter D. Mignolo, el texto ¿Qué significa pensar desde America Latina? del boliviano Juan José Bautista Segalés; La novela Tríptico de la infamia del colombiano Pablo Montoya; La raza cósmica del mexicano José Vasconcelos; América Nuestra: Integración y Revolución del escritor venezolano Luis Britto García o La Carta de Jamaica y el Discurso de Angosturade Simón Bolívar.

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Por Franklin González

Sociólogo, Profesor Titular, Ex Director de la Escuela de Estudios Internacionales de la UCV. Profesor de Postgrado en la Universidad Militar Bolivariana de Venezuela y en el Instituto de Altos Estudios «Pedro Gual» del Ministerio del Poder Popular para las Relaciones Exteriores. Fue Decano de Postgrado de la Unerg y embajador en Polonia, Uruguay y Grecia.

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