Un poco de historias; Como ingresaron los Colonos del Brasil

ORIGEN DEL PROBLEMA CULTURAL DE FRONTERA – LOS “BRASIGUAYOS”

A tener encuenta para no culpa a los que no debe, la responsabilidad viene desde más allá que uno pueda imaginarse.

La anhelada “Marcha al Este” emprendida por el gobierno paraguayo y materializada desde la década de 1950 significó un avance en la colonización de la franja Este del país, acompañado de lo que puede considerarse un logro geopolítico en la disputa por los Saltos del Guairá que derivó en la construcción de Itaipú con el Brasil.

Grandes extensiones de bosques en Alto Paraná, Canindeyú y Amambay fueron adjudicadas a políticos y militares afines al stronismo a través del IBR, pero que al no tener intereses en afincarse o producir en esos lugares (entonces alejados), venderían su tierras a colonos brasileños aprovechando el avance de la agricultura.

Allí se establecerían en forma creciente nuevas colonias que encontraban todos los elementos necesarios para aumentar sus tierras cultivables y así en las décadas de 1970, 1980 y 1990, miles de familias brasileñas vendieron sus propiedades en Río Grande del Sur, Paraná y Santa Catalina para comprar, a precios mucho más convenientes, tierras para cultivo en el Paraguay.

En una época donde no se tenía un concepto claro de lo que hoy conocemos como daño ambiental o los perjuicios de la deforestación, estas familias se instalaron en núcleos pequeños, la mayoría de las veces en lugares inaccesibles enfrentando penurias, enfermedades de todo tipo e incluso algunos, la muerte.

Muchos de estos inmigrantes llegaron sin más patrimonio que sus ganas de trabajar y encontrar un lugar donde vivir y criar a sus hijos. Desde el punto de vista cultural sin embargo, varios factores conspiraron para que la adaptación e integración cultural de esta nueva corriente migratoria de la segunda mitad del siglo XX fuese muy distinta a las primeras que llegaron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX del mismo origen (afincados en Itapúa en la zona de Colonias Unidas), y enfrentemos hoy graves problemas de identidad cultural que deben ser subsanados para evitar un problema mayor en el futuro.

La “Marcha al Este” de Paraguay coincide con la “Marcha al Oeste” realizada por el Brasil en los Estados de Paraná y Mato Grosso do Sul, pero con la diferencia de que el Gobierno Federal del Brasil lo inició un poco antes, ya a principios del siglo XX, intensificándolo durante el gobierno de Getúlio Vargas en la década de 1930. Algunas principales ciudades del Oeste del Estado de Paraná son Foz de Yguazú (1914), Londrina (1934), Maringá (1947) y Cascavel (1951); mientras que del lado paraguayo citamos Campo 9 (1956), Puerto Presidente Stroessner (1957), Colonia Yguazú (1961) entre otras, en su mayoría posteriores.

La diferencia en el PIB de uno y otro lado del Paraná era simplemente abismal, así como situación demográfica en ambos países, pues mientras la población del Estado de Paraná en 1960 ya ascendía a más de 4.000.000 de habitantes, la paraguaya no llegaba a los 2.000.000 de almas, distribuidas principalmente a lo largo del río Paraguay.

Asimismo, la ausencia casi total del Estado Paraguayo en las incipientes colonias brasileñas de la margen derecha, competía a la colonización realizada en la margen brasileña que iba acompañada de escuelas, hospitales, caminos asfaltados, líneas telefónicas, asesoramiento rural, radio y televisión (desde su aparición), lo que hacía que los nuevos colonos ubicados en Paraguay acudieran para satisfacer sus necesidades básicas (salud, educación en todos los niveles) y esparcimiento, al Brasil, aún cuando muchos ya habían nacido en el Paraguay.

Esta generación de nuevos paraguayos de origen brasileño conocidos como “brasiguayos” conservan casi totalmente las costumbres “gaúchas” (en su gran mayoría provienen de Río Grande del Sur), miran programas de televisión y noticieros brasileños, asisten a juegos y son seguidores de equipos brasileños de fútbol, gran parte de ellos se hallan inscriptos en registros civiles del Paraguay y del Brasil (pese a que nuestra Constitución prohíbe la doble nacionalidad), hablan casi exclusivamente el portugués y lo que resulta aún más preocupante: programas de radio y televisión locales, publicidades, negocios y loteamientos llevan nombres en portugués.

El nulo acompañamiento del Estado Paraguayo a estos nuevos asentamientos de extranjeros que debían ser asistidos con escuelas y servicios para “paraguayizarlos” como se había hecho antes en la zona de Itapúa, ha derivado en este inconveniente cultural e incluso geopolítico.

Eduardo Nakayama

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